Historia
Rescatamos este reportaje desde http://www.sscc.cl/revista_oct/reportaje.html
Fue escrito en Octubre del 2001
Cuenta la historia de los inicios de CPJ en palabras de su fundador (nuestro padre formador, Gerardo Joannon), además de testimonios de excepejitos, etc.
30 años del CPJ - JESUCRISTO EN MEDIO DE LOS JÓVENES
Patricia Abarca Aguad
Treinta años en que miles de jóvenes (sin exagerar) han pasado por esta experiencia. Es el Centro Pastoral Juvenil SS.CC. o el famoso CPJ, que a tantos papás, mamás, hermanos, pololas... ha atormentado, pues algunos no alcanzan a entender por qué ciertos personajes hablan tanto de él. La respuesta es simple, la experiencia definitivamente toca. Provoca una marca profunda que perdura a través de los años y de la cual es difícil desapegarse.
CARRERA 90
Fue el Padre Gerardo Joannon SS.CC. quien a sus treinta y algo le tocó hacer clases en Liceo de Aplicación, en Santiago. La posibilidad de contactarse con más de 2700 alumnos con los que contaba el liceo, posibilitó concretar una inquietud de generar un espacio de atención y acompañamiento a jóvenes secundarios con inquietudes comunitarias y que carecieran de esa atención en sus liceos o colegios. De eso hace ya treinta años. O veintinueve, pues en la medida que el padre Gerardo recuerda la historia, va dudando si todo comenzó el año 71 o el 72.
Los jóvenes comenzaron a acudir a Carrera 90, una casa que no tenía más que una oficina para el sacerdote y dos o tres salas para juntarse y hacer reuniones. "Yo me juntaba con los chiquillos a venderles la "pomá" de hacer un grupo, de preocuparnos de los que estaban más botados en los cursos y de hacer actividades solidarias", cuenta el Padre Gerardo. Así este espacio fue resultando cada día más de los propios jóvenes y como la Divina Providencia siempre se manifiesta, hubo dos azarosos hechos que hicieron darle vida al CPJ y que Gerardo recuerda: "...el Liceo de Aplicación se hizo mixto en el año 72 y eso significó que en dos primeros medios, de quince, ingresaron mujeres. Duró un año el sistema, porque a las niñitas las perseguían todo el día entre todos los alumnos que había, así es que con la Perla Moraga, una profesora del liceo, nos pusimos en campaña para buscarle colegio a las niñitas, pero nos aprovechamos de que ya las habíamos enganchado con el centro pastoral, así es que cuando se cambiaron trajeron a sus amigas".
"Por ese tiempo empezaron las huelgas, por lo que no había clases y tampoco locomoción. Los chiquillos se preguntaban ¿qué hacemos? - ¡Vamos al CPJ!, decían. Y así se llenaba de chiquillos de lunes a sábado. Llegaban algunos caminando desde Independencia y nunca bajábamos de 40 o 50 jóvenes. Cuando había locomoción podían llegar hasta 300 chiquillos que preparaban las actividades de los sábados".
Así se formó el CPJ de Alameda. De ahí sólo vino la organización del método, la coordinación por parte de la Congregación y la fundación, en años posteriores, de los otros centros. En el año 1977 se comenzó a sistematizar la metodología, que contemplaba el tratamiento de temas humanos y religiosos, lo que hoy se conoce como seminarios y que separan a los jóvenes en niveles y según corresponda en ámbitos sicológicos o teológicos.
Hoy día los CPJ son cinco: Alameda, La Anunciación y Cordillera, en Santiago; el de Valparaíso y el de Concepción. Mientras la Congregación estuvo a cargo de la Parroquia de Cañete, entre 1990 y 1994, también hubo un CPJ en esa ciudad.
FORTALEZAS, AMENAZAS, DESAFÍOS...
Lo que ha mantenido vivo a los centros pastorales es algo simple, pues la experiencia reúne ingredientes sencillos que son difíciles de fallar al momento de mezclarlos: jóvenes, espiritualidad y el rostro vivo y nuevo de Cristo que se manifiesta en comunidad. Y es que por mucho que un joven llegue al CPJ porque quiere encontrar amigos o alguien le dijo que se pasaba bien, no deja de enfrentarse a una comunidad que se reúne en una oración cercana y atractiva, rodeado de sus pares y en un lugar donde su presencia es absolutamente voluntaria.
El Padre Gerardo define el CPJ como una "escuela de formación, una escuela de paso. Una instancia que forma a través de la amistad, de la presencia viva del Señor, del servicio, de la acogida y de la preocupación por no estancarse ni dejar pasar la vida. Yo siento que el chiquillo que entra no es el mismo que sale. Es bonito ofrecer algo que es de paso porque es para dar herramientas”. "Lo importante es la Iglesia y el Señor, no nosotros, no es esta comunidad, por eso no me gusta mucho tratar al CPJ de movimiento, porque en el fondo no es más que una comunidad que da, se vitaliza, expresa, celebra y deja partir, porque hay otras comunidades en la Iglesia y la sociedad", agrega Gerardo.
Algo parecido siente el Padre Alex Vigueras SS.CC., actual coordinador de los CPJ y asesor pastoral de Alameda, quien define al centro pastoral como "un lugar donde los chiquillos pueden encontrarse con el Señor a partir de una experiencia comunitaria entretenida. Lo entretenido envuelve de alguna manera toda la experiencia, los chiquillos se sienten valorados por lo que son y sienten que es un espacio de libertad".
Claro que lo entretenido, advierte Alex, no carece de riesgos, sobre todo de abstraerse de lo que pasa afuera. “Necesitamos establecer mayores vínculos con la Congregación. Hay chiquillos que ni saben qué son los Sagrados Corazones... Estamos también con poca vinculación eclesial. Aquí en Alameda hay una inquietud de cómo vincularnos con la Iglesia y de qué manera nos abrimos, de qué manera hacemos que los chiquillos se sientan pertenecientes a algo más grande”.
Como responsable de los CPJ, Alex nos comparte también otras inquietudes. Cree necesario revitalizar los encuentros nacionales de asesores, que tradicionalmente se realizan en las vacaciones de verano: "Nos hemos dado cuenta de que ese trabajo de coordinación y la amistad que se va dando entre los asesores es fundamental".
Otro tema que le preocupa es el de la reforma educacional y los desafíos que plantea al CPJ. Alex recuerda que "el CPJ siempre fue una alternativa a la educación formal y claramente los chiquillos encontraban en el centro algo muy diferente a lo que encontraban en la educación escolar, no sólo en el aspecto religioso sino en el aspecto metodológico: un grupo pequeño, un acompañamiento más personalizado, un estilo experiencial. Hoy, en la educación formal, los chiquillos están teniendo metodologías más participativas, más respetuosas del proceso personal y que da más espacio a la creatividad. Tenemos que saber situarnos ante esta reforma que está integrando elementos que antes eran mucho más propios y casi exclusivos de una formación extra escolar".
"Por otro lado creo que cada época va planteando acentuaciones distintas. Por ejemplo, en años pasados la vinculación con instancias más allá del puro CPJ era bastante normal y natural, lo mismo con el compromiso socio político que nos sacaba espontáneamente para afuera. Hoy día esto está menos presente espontáneamente en los chiquillos, por lo que hay que provocar esta inquietud y el compromiso por la política".
Los centros de pastoral pasan hoy por un buen momento. Entre los cinco CPJ promedian 90 integrantes cada uno aproximadamente. La coordinación que forman los asesores generales y pastorales de cada CPJ, no descansa en su trabajo y se encuentran buscando nuevos métodos para crear seminarios. Es el caso del seminario de formación a la conciencia crítica, en el cual están trabajando tres centros. Los resultados se pondrán en común proximamente, para ver si este sistema de creación de seminarios puede ser una alternativa en la actualización de los contenidos.
Testimonio de tres ex cpjitos
UN CAMBIO DE VIDA DE LA MANO DEL SEÑOR
Déborah Singer, 28 años, ex asesora general del CPJ La Anunciación; Paulo Díaz, 23 años, ex asesor general del CPJ de Valparaíso y asesor actualmente en servicio; y Néstor Soto, actual asesor general del CPJ Alameda, comparten con nosotros la esencia de la experiencia que les ha tocado vivir como cepejitos y asesores.
¿Cuál ha sido la riqueza más grande que te ha dejado el CPJ?
Deborah: “Una cercanía a Jesús como amigo y apoyo, un compromiso por trabajar por su reino y grandes amigos”.
Néstor: “Lograr primero conocer, luego comprender y en seguida seguir a un Dios que es Amor, un Dios que se manifiesta directamente en mi vida... Cuando era cpjito aprendí a valorar las cosas simples de la vida y a vivir con alegría cada momento de la vida, confiado en que siempre se tiene la compañía de un amigo que es Jesús.
Paulo: “El CPJ a mí me cambió la vida y ha sido un tremendo regalo de Dios. A través del CPJ he podido desarrollarme como persona, en él he conocido a mis mejores amigos y me ha permitido conocer una Congregación que me ha mostrado a un Jesús muy cercano, muy amigo, muy yunta. Un Jesús que, como decía el P. Esteban, siendo mi Maestro, es mi mejor Amigo.
¿Cómo ha sido la experiencia de formar jóvenes en una etapa como la que viven los cepejitos?
Deborah: “Tener la posibilidad de acompañar a lolos en esa etapa es un privilegio, siento que en esa edad se está tan solo, es tan necesario tener a alguien que te escuche y a veces te ordene un poco. Además es una edad de tantas búsquedas, que tener la posibilidad de mostrar este camino, que por lo menos yo estoy convencida de que es el que te hace feliz, es increíble. Es una experiencia súper gratificante, con tan poco uno puede ayudar tanto”.
Néstor: “Para mí es una gran alegría ver el proceso de los jóvenes desde que entran hasta que terminan, y darme cuenta cómo van cambiando e incorporado valores esenciales en su vida. Entregar valores bajo una visión cristiana es algo fundamental al momento de ser formadores”.
Paulo: “La experiencia de formar jóvenes en esta etapa de la vida ha sido otro gran regalo que el Señor nos ha dado. Muchos de los jóvenes viven realidades donde hay mucha pobreza de espíritu, donde hay padres separados, donde no hay muchas expresiones de cariño y en general de una sociedad que les ofrece una serie de oportunidades que se basan en la falta de compromiso y donde todo cuesta poco. En el CPJ encuentran un espacio donde son escuchados y respetados, y donde pueden contar sus problemas sin temor a un dedo acusador. Por otro lado, muchos tienen profundos cuestionamientos frente a la Iglesia y dudas acerca de la fe. El Cpj les sirve como una ventana que resuelve sus dudas y que les muestra una propuesta basada en el Evangelio, pero que en ningún momento es impositiva”.
¿Qué es el Cpj para ustedes, cómo lo definirían?
Deborah: “Es un lugar para encontrar al Señor, para conocerlo, crecer y hacer amigos que te acompañan para la vida”.
Néstor: “Es como una fresca lluvia que primero te limpia y al caer a tus ojos hace cambiar la forma de ver las cosas. Ya que una vez que uno pasa por esta comunidad uno ya no es el mismo que antes, ya que le da mayor importancia a la vida, viviéndola y disfrutándola plenamente, sembrando y cultivando, destruyendo y creando, y principalmente buscando el amor verdadero”.
Paulo: “Un poco repitiendo lo dicho anteriormente, el CPJ me ha cambiado la vida y agradezco al Señor este regalo, pero muy consciente de que llevamos este servicio en vasijas de barro”.
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